Pues mira que lo intento, pero no soy capaz de encontrarle el punto al último trabajo de Stravaganzza. Unos dicen que es por la producción, otros que por el recién adquirido vicio de Leo de rasgar sus cuerdas cada dos por tres, algo que sigo pensando, le sale realmente mal. Pero es como todo. Habrá a quien le guste, y habrá a quien no, pero desde luego que no es este Leo el que me enganchó hace años en Saratoga, eso está clarísimo. Lo que si pienso que no tiene perdón, es la producción del disco en la cual han primado las orquestaciones por encima de la voz, en lo que me parece uno de los mayores gambazos del disco. Disco al cual trataré de diseccionar lo mas objetivamente posible aquí.
Mira que arranca bien la cosa con “Deja de Llorar”, tema cien por cien Stravaganzza de los que a mi me gustan. Medio tiempo cadencioso, con unas orquestaciones geniales y un Leo muy lejos de los tonos graves que destila en otros temas del disco. Un buen inicio de álbum. “Grande” comienza a evidenciar el bajón en lo que a producción se refiere. La caja de la batería suena a lata al tiempo que las orquestaciones suenan totalmente a destiempo en las partes rápidas. Premio, por cierto, para quien ciertas partes del tema no le recuerden a “Wish I Had an Angel” de Nightwish. El final, con la batería un poco mas rápida que en el resto del tema, es el culpable de que se forme una masa de sonido en la cual cuesta distinguir los instrumentos.
“Mascara de Seducción” viene con unas orquestaciones clavadas a “Esperanza” del “Segundo Acto”. Es un medio tiempo con un Pepe bastante inspirado en las labores guitarriles, pero con un Leo al cual entre susurros y rasgamientos varios, no se le entiende absolutamente nada. Apreciación personal claro está, pero no deja de ser una pena que se obceque tanto en algo que creo no domina aun del todo.
La tan esperada colaboración del Hamlet Molly se produce en “Hombre”, tema que viene marcado por un riff que habría firmado el mismo Max Cavalera para sus Soulfly, lo cual no es ni bueno ni malo, obviamente va en gustos. Como van en gustos las letras, que dicho sea de paso, la de este tema me parece digna de los Manowar mas trasnochados. Algo sorprendente para tratarse de Leo Jiménez. El inicio de “Paraíso Perdido”, curiosamente, me ha recordado a los Maiden del “Seventh Son of a Seventh Son”, aunque en cuanto entran las orquestaciones, obviamente este parecido SALT por los aires dejándonos un tema equiparable a “Deja de Llorar” de tanto en cuanto muestra de nuevo a los Stravaganzza mas armoniosos. Posiblemente, mi tema favorito del álbum. Buenas orquestaciones, un Leo comedido y un Carlos Expósito, ahora si, sacando a relucir toda la técnica atesorada durante años, que no es poca. Redondea la canción uno de esos solos de Pepe Herrero que demuestran que no hace falta ser Yngwie Malmsteen para ser un buen guitarrista. Aunque bueno, el sueco tampoco lo ha sido nunca.
En esta, creo que séptima escucha del disco, ha sido la primera vez que he podido escuchar entera “Nudos”. Y mira que salta a la vista, o al oído en este caso, que tiene un trabajo detrás enorme. Pero discúlpenme ustedes, cada rasgado, que no gutural, que sale de la garganta de Leo, me hace acordarme de mis peores sospechas acerca de la reciente afición del ahora tatuado vocalista a dejarse los cojones en el estudio. La partes en las que Carlos da cera al asunto, y en las cuales como ya digo, hay rasgados por doquier, no me han gustado absolutamente nada. Para mi, la peor del disco de largo. Y tras la tormenta desatada en “Nudos”, vuelven los Strava más delicados. No es “El Día de Mañana” si no un medio tiempo de esos en los cuales el grupo se desenvuelve a las mil maravillas. Buenas orquestaciones, base rítmica impecable, gracias en parte a un batería que a mi modo de ver, y evitando en al máximo comparaciones, no tiene nada que envidiar a Dani Pérez si no todo lo contrario.
Pero de nuevo vuelve la tormenta, con “Perdido”, compuesto por el bajista Patricio Babasas. Con otro inicio, y van dos, clavado al de “Arrepentimiento” del “Segundo Acto”. Es un tema que me ha dejado bastante indiferente, que no logra engancharme pese a tratarse de un medio tiempo Stravaganzza de toda la vida. “Hermanos” viene de fábrica con el que posiblemente sea uno de los mejores riffs del disco, nuevamente como no podía ser menos tratándose de Pepe, escuela Pantera / Sepultura del “Roots” a mas no poder. Pasa por ser de los temas en los cuales mas me ha costado entender a Leo, perdido aquí en tonos que hacen sus partes en algo casi in entendible para el oído humano. “Tu Esencia” me ha decepcionado. Pero no por nada en especial si no porque quizá, cuando te ensalzan tantísimo esto o aquello, al afrontarlo, corres el riesgo de que te sepa a poco. Y es justamente lo que a mi me ha sucedido con este tema compuesto por Carlos Expósito.
En “Réquiem”, al menos como yo lo veo, han querido facturar una nueva “Dolor”, pero el resultado, a mi modo de ver, está a años luz en comparación con el cierre de su anterior disco. “Inmortal” es breve, un pequeño outro al disco, que debería haberse quedado aquí, pues el cierre que en este pertenece al Bonus Track “Eloise”, versión de mi paisano Tino Casal, me parece desafortunado, fuera de lugar, irrisorio…
Y bueno pues no sé. Quizá porque me esperaba otra cosa, porque el sonido global no está a la altura, porque Leo se ha cansado a meter cizaña con voces reasgadas a lo largo de no pocos temas (aun cuando en el foro se dijo que había dos contados en el disco) pero el caso es que me ha decepcionado este “Réquiem”, lo cual no deja de ser una pena pues el trabajo que hay detrás no es algo que debiéramos pasar por alto, pero noto que falta algo, echo de menos esa chispa, esos pelos de punta, aquella magia que me hizo enamorarme de un disco como “Sentimientos”. No obstante, creo que es un disco que los mas fanáticos del grupo puede que sepan apreciar mejor que yo, vaya usted a saber.

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