martes, 29 de septiembre de 2009

El término metal aplicado a todo tipo de música está cada vez mas extendido. Unas veces por exceso y otras por defecto, miles de bandas de etiquetado mas bien difuso se abrazan a él como si les fuera la vida en ello. Es el caso de los sevillanos Orthodox, culpables de algunas de las obras más marcianas, atrevidas y rupturistas que se hayan facturado entre nuestras fronteras. Porque si bien la definición “metal” es la que aparece en su página de myspace, la música del trío sureño va mucho mas allá, navegando sin remisión entre patrones jazzies, locuras psicodélicas de raigambre setentera e imaginería eclesial. Lo primero que cabría resaltar si se es un recién llegado a la propuesta de Orthodox es que ante todo, lo que prima aquí son las bajas revoluciones con las que acostumbran a desarrollar su música. Canciones lentas y arrastradas, sorprendentes e inesperados requiebros instrumentales y unas voces cuanto menos inquietantes. Cabe destacar antes de meternos en faena, que esta vez nos entregan un disco mas corto de lo habitual. Treinta minutos repartidos a lo largo de tan solo tres temas, donde solo el central ocupa mas de veinte minutos. Es por ello que esta review de hoy es un tanto... especial.

 

Hoy acudo aquí con la insana intención de no escribir ni una palabra acerca de este fantástico “Sentencia”. Esta vez no voy a decir ni una palabra acerca del contenido del álbum. Sería absurdo, aunque muchos seguro que piensen lo contrario, pero poco sentido tiene marcar como a una res la obra de estos chicos, tan arriesgada y atrevida que, sinceramente, pocas definiciones podrían hacerle justicia y no estoy por la labor de errar en mi cometido. Hoy acudo a este rinconcito dejado de la mano de dios a reivindicar la cultura estatal, a despertar a este país culturalmente fenecido, a fruncir algún ceño que otro, a quejarme hasta reventar de como nos hemos convertido en un país de auténticos catetos que venderían a su madre antes que posar sus oídos en la música del trío sureño. Que ya está bien de que todos aquellos que luchan por ofrecerle algo diferente al personal no disfruten de otra cosa que no sea la total incomprensión del público. Su odio y su indiferencia. Su estrechez de miras, su pasotismo y su querencia por la modorra, la auto-complacencia y esas miradas torvas ante todo aquello que intente ir un paso mas allá.

 

Hoy acudo aquí no a diseccionar un disco tema a tema como hasta ahora he hecho. Hoy acudo aquí con esa sana costumbre que es el pataleo. Acción que de poco sirve, mas si el motivo es reivindicar la música del grupo que hoy nos atañe, pero que dejará en calma mi espíritu cada vez que oiga una frase malintencionada para con Orthodox, un trío que ha pagado su creciente interés por separarse de convencionalismos con bromas y chascarrillos malintencionados que no saben ir mas allá de sus curiosos ropajes en directo. Ingratos. Los mismos que le bailan el agua a maquiavélicos esperpentos venidos del norte de Europa, no ahorran en dardos envenenados cuando se trata de despreciar a los nazarenos del riff lento y arrastrado.

 

Hoy acudo aquí, en definitiva, a devolver todo vuestro odio, todo vuestro desprecio, todas vuestros complejos de inferioridad, todo vuestro mal humor en forma, finalmente, de feliz indiferencia. Una indiferencia que ha permitido a estos tres tipos parir ya no un disco, este “Sentencia” del que quiero dejar constancia aquí si no una discografía digna de elogio en un país demasiado acostumbrado a hacerle vacíos a todo aquello que ni entienden, ni se esfuerzan en entender. Al final no quedará si no alegrarse. Si es esta indiferencia la que ha permitido a Orthodox realizar una música tan jodidamente genial, que nunca cesen sus miradas ajenas, esquivas y desinteresadas.



Tags: Orthodox, Sentencia

Publicado por NaveS_RisinG @ 19:41
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