¿Llega la controversia? No. ¿Llega el principio? No. ¿Llega el final? No. Llega un nuevo disco de Avalanch. Es decir: Llega o todo a la vez. Haga lo que haga el bueno de Rionda, habrá quienes pongan el grito en el cielo para bien y para mal. Habrá quien ame los nuevos temas, habrá quien los odie, habrá a quién le den igual, que mas da. Son tantos los motivos estrictamente extramusicales a los que se aferran algunos que darles coba no hace si no alejar la mirada de aquello que en verdad importa: El disco. Fatuo y absurdo sería entrar en guerras con unos y otros desde éste modesto blog en pos de buscar una u otra razón que de poso a sus opiniones. Que unos y otros sean felices, en el mundo de la piruleta y blah blah blah.
De aquello que se trata, da inicio con “Dónde Estoy”, quizá el tema mas rematadamente progresivo de toda su carrera, donde ya nos damos cuenta de la presencia de unas guitarras potentes y gruesas como nunca en la carrera del combo asturiano. Seis minutos de música retorcida para con los que son los cánones habituales de Avalanch. Cabe destacar como ya desde el arranque, la presencia tanto del bajo como del teclado está mucho mas visible que en anteriores entregas. El tema que da título al disco es buena prueba de ello. “El Ladrón De Sueños” consta de un inicio que retrotrae a tiempos previos a “Los Poetas Han Muerto” que va virando su rumbo poco a poco a temas mas recientes del combo asturiano. Posee uno de esos estribillos de corte melancólico que tanto y tan bien realizan hoy por hoy, combinado con cambios de ritmo que rozan el power por momentos. Un tema con muchas caras, como hay unos cuantos en el álbum. “Mil Motivos” parece hecha, pensada y fabricada para el directo. Es un tema menos complicado, con un potente riff de inicio que da paso a ambientes mas relajados hasta el momento en que el estribillo se hace fuerte. Un corte directo, ideal para ser single y que recuerda al hard rock de corte mas actual que se hace hoy en día en Europa. Atención al solo porque pasa por ser uno de los mejores de todo el álbum.
Lo que viene después es “El Hombre Solo”, la primera sorpresa para aquellos que hayan seguido la actualidad del grupo a través de su página web o la de Rafa Basa. Posee el inicio mas sinfónico de toda su discografía y muestra al Ramón mas “operístico” de toda su carrera, en un tema que a mas de uno le recuerda a Stravaganzza, aunque yo creo que no tiene nada que ver. Es con mucho uno de los temas mas ambiciosos que hayan hecho nunca. Va pasando de potentes y cortados riffs sobre un colchón de teclados, a cambios de ritmo en los que Ramón va luciendo ésta nueva cara al tiempo que compone uno de esos estribillos marca de la casa. La última parte, aquella en la que hace acto de aparición el solo de guitarra, es uno de los momentos álgidos de todo el compacto. “Aléjate De Mí” es diametralmente opuesta a la anterior, pese a que también disponga de un inicio levemente sinfónico. Entra el riff, heredero de aquellos que mostraran en “El Hijo Pródigo” a la par que el teclado va dibujando armonías bajo suyo para dar paso a la voz de Ramón que se maneja por timbres mas rockeros en esta ocasión. Un tema no diría que agresivo, pero si que el mas duro hasta estas alturas de álbum, sobretodo en estribillos, que el propio Alberto Rionda nos reconoció que Ramón Lage la grabó a la primera tras una mirada a las melodías en un folio sin haberla ensayado siquiera. Y lo cierto es que se nota mucha espontaneidad en interpretación y le da una frescura que de otra forma quizá no tendría.
“Nunca Es Tarde”, otro de los temas que sirvió de adelanto hace días en su web, reincide en los sonidos menos metálicos y mas rockeros del corte anterior. Mucha presencia de teclados, Ramón jugando con su voz arriba y abajo y un aire, hay quienes dicen que hasta funky, para quizá el tema mas original y refrescante de todo el trabajo. Si tuviera que buscar un paralelismo, quizá éste sería para con aquél proyecto de versiones Stunned Parrots. “Cuatro Canciones” rompe esta tendencia rockera del álbum adentrándose en terrenos tranquilos, rayanos con el pop incluso, que en las partes del estribillo gana enteros y cuando llega el solo de guitarra roza el A.O.R.. Un corte muy Avalanch, que encandilará a los seguidores de la faceta mas relajada del grupo asturiano y en el que Lage, obviamente, saca a relucir su cara mas amable. “Sin Rumbo” era otro de los temas colgados en internet, en éste caso en la web de Rafa Basa y ya es por todos conocido. Arranca potente, con otro de esos riffs cortados al centímetro por la pareja Alberto Rionda y Dany León y viene a ser algo así como “La Prisión de Marfil” del anterior álbum, intercambiando los guturales de aquella por los agudos de ésta. Un corte atrevido, que engloba muchas de las caras del grupo en la actualidad y que va pasando de los derroches en los tonos altos de Ramón, a partes poco mas que susurradas y a los guturales en la parte final. Un derroche ideal para contemplar todas las caras de un vocalista que, desde que entrara en la banda e independientemente de gustos, ha dado un salto de calidad mayúsculo.
“Torres En El Cielo” arranca con un tímido piano que al desaparecer da paso a otro corte atrevido por parte de la banda, en el incluso hay hueco para detalles “maquinales”. Estribillo marca de la casa, cambios de ritmo, gran presencia de teclas y una base rítmica que como siempre, da un fuste que pocas veces es tenido en cuenta. Cambios de ritmo, toques progresivos, un solo “de los de antes” y muchas caras para otro de los temas ambiciosos del álbum. El último corte con letra del álbum es la balada “Where The River Flows”, en inglés si, que iba a ser parte de un proyecto de cierta banda alemana que abandona el ruedo y que de momento, parece se quedará en el limbo. Es quizá el corte mas estandarizado de todo el álbum. Power ballad de las de toda la vida con un Ramón que se mueve como pez en el agua en las tesituras que se le requieren aquí. El cierre viene de parte de la instrumental “Melodía Incompleta”, la cual merecería perder su título y ganarse una letra,como ya se la ganó “Volviendo A Casa” en su día pasando a ser “El Príncipe Feliz”.
Sea como fuere, un buen cierre para un disco mas de Avalanch, que parece reincidir en el sendero marcado por su anterior álbum de estudio en lo que a diversidad estilística se refiere, pasando por multitud de pieles y colores para conformar un trabajo que peca de cualquier cosa menos de conformista. Como decía al principio, quienes han gustado de Avalanch en estos años creo que se sentirán felizmente agradecidos con un trabajo de éstas características al tiempo que, quienes han seguido en sus trece desde que “Lucero” mostrase la nueva cara del grupo, dudo que salgan de su “atalaya mediática” a éstas alturas.

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